Laura Jurado 2021

Desperté con los rayos del sol. Mi primo el viento me mece suavemente haciendo que mi cuerpecito roce las hojas amorosas de mi padre/madre.  No soy más grande que una pelota de golf, pero ninguna de mis hermanas lo es, así que eso no me quita el sueño.

Tengo hambre, tan solo con pensarlo, mi papá/mamá abre una válvula ubicada en la ramita que me sostiene y me alimenta con la cantidad correcta de nutrientes.

Volteo para abajo… ¡qué hermoso se ve todo desde aquí! Mis hermanitas comienzan a despertar, y con la ayuda de nuestro primo, nos ponemos a jugar a ver quién alcanza el tronco. ¡Tramposas! ¿Pues cómo lo voy a alcanzar si me tocó estar casi en la orilla? Pero no importa, las risas de mis hermanas y las porras de los pajaritos que parecen llegar de todos lados, hacen que pronto me olvide de ese impedimento.

Veo a lo lejos cómo la casa comienza a llenarse de vida. Estefanía abre las ventanas de par en par y hasta acá escucho que comienza a cantarle a Juan y a Lucía:

Buenos días mis amigos

Otro día llegó ya

Que gocéis el día entero

Paz y felicidad

Ese sol de mediodía

Nos invita a trabajar

Él nos brinda su alegría

Y nos hará triunfar… y con esta última estrofa la veo que se dirige hacia la puerta, desesperada porque no logra despertarlos pero la vocecita de Lucía la hace regresar: tururururu. Escucho las risas de los tres, y mis hermanas y yo soltamos la carcajada junto con ellos.

¡Ay cómo me gusta ese ritual de mi querida familia!

Don Carlos, el papá de Estefanía, ya ordeñó las vacas y está terminando de recoger los huevos. Al escuchar las risas de los niños y de su hija, se descuida, y Camelia, la gallinita pinta sale corriendo, trepa por el tronco de papá/mamá y se desplaza por la rama que me sostiene.

  • ¡Hola Toribia! ¡Hola niñas! -saluda con esa voz estridente que tanto enerva a las otras gallinas.
  • ¡Hola Camelia!!!! -contestamos todas al unísono.

Yo me siento la toronja más importante del mundo por contar con su amistad. Camelia es mi confidente, y aunque tenemos poco de conocernos, nos une un cariño muy especial.

Camelia está hoy más feliz que de costumbre. Me cuenta que ayer llevaron a un nuevo gallo porque el pobre de don Polito ya estaba más pa´llá que pa´cá.

  • ¿Y qué tal? ¿Ya te pisó?
  • ¡Ya!!!!!! ¡No sabes… entró al gallinero cerrándole el ojo a todas, pero en cuanto me vio, se olvidó de las demás y se puso a hacerme el amor con tanta delicadeza y tanta calma que casi me desmayo de la emoción, y entre pisada y pisada se puso a contarme su vida… Me platicó que por su fama de galán, ninguna gallina lo ha querido tomar en serio y la verdad es que él se siente usado. Hubo un momento en que percibí un dejo de tristeza en su voz, así que abrí mis alas y lo abracé lo más fuerte que pude.
  • ¡Ay Camelia, qué emoción!
  • ¡Sí Toribia, estoy enamorada! -y diciendo esto levantó las patitas y se fue de espaldas hasta el suelo.
  • ¡Camelia! ¡Camelia! ¡Auxilio! ¡Alguien que venga a levantarla! -gritábamos mis hermanas y yo desaforadas.

Romualdo, el gallo nuevo, escupió la lombriz que apenas comenzaba a engullir y salió corriendo para dar  respiración de pico a pico a su amada.

Camelia no parecía reaccionar. Desesperado, Romualdo salió corriendo a buscar a don Carlos. Camelia abrió los ojos solo para hacerme un guiño. Entendí perfectamente lo que me quería decir.

¡Romualdo! ¡Romualdo! Me parece que necesita más respiración de pico a pico!!!

El apuesto gallo regresó y la tomó con delicadeza entre sus plumas. ¡Despierta por favor, quiero que seas la mamá de mis pollitos!

Don Carlos, que había llegado a ver por qué tanta trifulca, le dijo:

  • ¡No sea mamón, bastante pagué por usted como para que sea crea galán de telenovela! ¡Ámonos… a jalar! -y diciendo esto último, le dio un patadón que lo aventó hasta el gallinero.

Camelia no podía creer lo que escuchaba. ¿Don Carlos diciendo eso? ¡Pero si es un alma de Dios!

Se sentía mareada… a lo lejos escuchó su nombre. Abrió los ojos y lo primero que vio fueron los ojazos de Romualdo.

– ¡Camelia mi amor, gracias a Dios estás bien!