YO TE VEO

-Por Laura Jurado-

El otro día mi hijo me sorprendió cuando le dijo a uno de nuestros gatos: ‘Paco, yo te veo’.

Habiendo escuchado esas palabras en alguna constelación familiar, me quedé de a seis. ¿O sea? -le pregunté. Contestó que quería que Paco supiera que él notaba su existencia (o algo así). Fue muy padre verlo emocionado por darse cuenta del poder que encierran esas simples palabras. Yo me maravillé al ver que lo que a mí me había tomado tal vez uno o dos talleres y constelaciones, a él le había venido de forma natural. Sí, como respirar.

Y es que Ricardo desde chiquito ha conectado con los animales. Recuerdo una ocasión en que, siendo un niño como de tres o cuatro años, le dijo a nuestro perro: Ron, tú no entiendes mis palabras, pero te voy a hablar muy quedito para que sepas lo que es el amor. Otro día que le dije ‘gordo’ a Manolo (otro entrañable perro que tuvimos), me llamó la atención: “¡No le digas así, lastimas sus sentimientos!”

Y pues bueno, ahora de la nada, o más bien de su sabiduría ancestral, le llega esa reflexión, ya que, como él dice: son las palabras más importantes que le puedes decir a alguien. Y estoy de acuerdo. ¿Cuántas broncas, cuántos sinsabores y cuántas lágrimas se pueden ahorrar si las dices o te las dicen a tiempo? Y es que el sentirte invisible ante quienes supuestamente te deben de amar por sobre todas las cosas te deja un hueco en el corazón.

Así que, a todos ustedes, yo los veo.

Y les agradezco que me vean.

De corazón.

TODA UNA VIDA

Esto que ven aquí soy yo. Bueno, no, no soy yo. Es una peculiaridad del vehículo que transporta eso tan valioso que YO SOY y forma parte de mi historia de vida, de esta vida elegida por Aquel que me creó y aprobada por mí.

Esa peculiaridad cumplió hace dos días cuarenta y cinco añotes y la exhibo con tanto orgullo como a mi cabellera cuando voy a que me peinen. ¡me encanta! Hace muchos años cuando me arreglaba para un concurso de belleza, mi mamá, maquillaje en mano, se ofreció a cubrirla.

– ¡Claro que no! – respingué. No me importa que el vestido deje al descubierto mi cicatriz. Sin ella, sentiría que no soy yo.

Para los que no saben, tengo unas varillas (barras de Luque) en la columna, desde el chakra del plexo solar hasta abajo. Ellas hicieron que una vez me detuvieran en el aeropuerto de Juárez. También lograron que mis hermanos detuvieran su ira y que no me pegaran cuando actuaba como puberta jodona. Detuvieron las intenciones de la SEP de ponerme a hacer ejercicio en secundaria y en la prepa. Bueno, ellas y el hecho de ser hija de médico, quien me solapaba dándome un justificante siempre que se lo pedía.

Lo que no pudieron detener fue mi crecimiento, ya que hasta se quebraron en dos partes.

Tampoco detuvieron mi derecho a crecer como una chava normal, mi derecho a bailar, a patinar, a enamorarme, y posteriormente, mi derecho a formar una familia dando a luz a dos hermosos hijos de la forma en que lo habían hecho todos mis ancestros femeninos: a grito pelado en parto natural.

A cuarenta y siete años de haber sido diagnosticada, no dejo de agradecer a mi hermana Patricia por detectar algo raro en mi columna y a mis padres por haber tomado la decisión de dejar que el gran cirujano Eduardo R. Luque me tomara como conejillo de Indias abriéndome como pescado para detener el avance de la escoliosis. Agradezco también a mi primo Luis Esparza Alonso por habernos sugerido a tan excelente cirujano y por estar al pendiente de mí desde ese día hasta la fecha; agradezco a todos aquellos que ese 9 de septiembre de 1977 me donaron sangre, a todo el personal del hospital, a mis queridos tíos y primos Montejano Alonso por hospedarme en su casa durante un largo mes de convalecencia. Y, sobre todo, pero sobre todo, a mi mamá por haberme cuidado con tanto amor, y a mi papá y a mis hermanos que se regresaron a Chihuahua con dos lugares extras en nuestro lanchón, o que diga, en nuestro guayín y el corazón encogido por lo que estábamos a punto de vivir. Yo sometida a tremenda operación y con el fantasma de las secuelas acechando. Ellos a 1500 kilómetros del ser que tanto amábamos todos (mi mamá, por supuesto).

Varillitas: ha sido un placer recorrer esta vida a su lado. ¡Gracias por todo lo que me han dado!

UN MOMENTO MÁGICO

El mes pasado platiqué en el chat de unas amigas que me he querido apuntar como voluntaria en el área de bebés prematuros de un hospital, pero que no he llenado la solicitud. Les conté que me encantaría cargar bebés todo el día (o el rato que se pueda) y decirles cosas bonitas, como que son un regalo de Dios, que así ya son perfectos, que pueden lograr todo lo que quieran, etc.

La respuesta de doña Eugenia, la más sabia de mis amigas y mi madresanta adoptiva me dejó pensando: “no te esperes, comparte esas bendiciones y ese amor que Dios nos regala para que siga creciendo”.

Y bueno, pues no me he contactado con la chava que me mandó la solicitud ni he hecho nada más, solo que hace unas semanas, en el avión de regreso de San Francisco, esas palabras hicieron eco.

Dos asientos delante de mí venía berreando un bebé. De inmediato me acordé de mi amiga Chío Soto, quien en cierta ocasión calmó a un bebé llorón (también en un avión) enviándole amor. Entonces me cayó el veinte y sonreí: si bien aún no estoy autorizada para ir a cargar bebés y decirles cositas bonitas que llenen su alma, en ese momento la vida me estaba dando una oportunidad de volcar mis buenas intenciones en ese bebé en particular. Sin pararme de mi asiento (obvio, me vería muy creepy tratando de cargarlo), empecé haciéndole ho’oponopono y diciéndole todo aquello que tenía reservado para los bebecitos del hospital. Como por arte de magia, el llanto cesó. Y entonces experimenté algo rarísimo: una oleada de amor comenzó a agolparse en el chakra del corazón y sentí la necesidad de extender el procedimiento a todos los pasajeros y tripulación del avión. Así lo hice, pero no fue suficiente, el amor seguía creciendo y creciendo y yo sentía que me iba a estallar el pecho. Emocionada y con el ojo de Remi, bañé a todo el planeta de buenos deseos, afirmaciones positivas, agradecimiento y AMOR.

¡Fue poderosísimo, nunca me había pasado!

Esa experiencia me mostró el poder de la palabra. ¿Qué hubiera sucedido si la respuesta de doña Eugenia fuera otra o si sus palabras no hubieran encontrado un terreno fértil en mí? Lo más probable es que nada. Hubiera recordado el ejercicio de Chío, tal vez lo hubiera intentado con el bebé y ya, pero ese momento mágico nunca se hubiera dado.

Así que la próxima vez que sienta el impulso de hacer algo bueno, no voy a esperar a que se den las cosas como creo que se deben de dar (en este caso, llenar la solicitud para el hospital, que me acepten, y que acomode esta nueva actividad a mi rutina).

Al fin que para que el amor fluya, nada de eso es necesario.

HASTA QUE YA NO PUEDAS

El otro día en el gimnasio recordé que una o dos semanas atrás le había platicado a mi entrenador que me daban ganas de aprovechar que el día estaba riquísimo (nublado, fresquecito) para llevar el vidrio a reciclar. Y es que aquí en El Paso no es como en ciertos países europeos (no sé si en todos) que en la calle tienen contenedores para basura y reciclado (plástico y vidrio). No. Aquí me doy de santos de que tengamos un lugar para que la gente lleve el vidrio a reciclar. El asunto es que te tienes que estacionar, bajarte del carro y acomodar los frascos y botellas por color en botes grandes (de los de la basura). Todo esto a la intemperie, con temperaturas en verano de 36°C (97°F) y unos días, cerca de 40°C (103°F).

Y bueno, aquel día mi entrenador revisó el pronóstico del clima y dijo que los siguientes dos días estaría igual de rico, por lo que decidí esperar. Pues cua cua cua cuaaaa… que se viene un calorón marca ACME y todavía es hora de que no se va. Bueno, de repente por las tardes se pone riquito, pero para entonces ya cerraron, así que mis cinco costales de croquetas llenos de botellas (ya clasificadas) siguen esperando en la cochera.

Pues bien, ese día (cuando me puse a recordar) me quedé de a seis, ya que justo la canción que en ese momento sonaba hablaba de que no hay que dejar las cosas para después. La melodía está padre, pero el mensaje es lo mejor. En mi caso fue algo tan sencillo como “ándele mijita, por andar de desidiosa se le fue el único día fresco”, pero la canción realmente invita a reflexionar y a tomar acción a lo Vicente: hoy, hoy, hoy.

Venga de ahí. Me cuentan si les mueve el tapete o si los inspira a hacer algo.

“´Til You Can´t” -Cody Johnson

Puedes decirle a tu papá
You can tell your old man

Que otro día pescarás lobinas
You’ll do some largemouth fishing another time

Que simplemente estás demasiado ocupado como para poner la carnada y tirar el anzuelo
You just got too much on your plate to bait and cast a line

Siempre puedes posponerlo
You can always put a rain check in his hand

Hasta que ya no puedas
‘Til you can’t

Puedes seguir evadiendo a esa chica que te encanta
You can keep putting off forever with that girl who’s heart you hold

Y jurar que un día de estos la invitarás a salir
Swearing that you’ll ask some day further down the road

Siempre puedes proponerle matrimonio
You can always put a diamond on her hand

Hasta que ya no puedas
‘Til you can’t

Si te sale una oportunidad, tómala. Tómala mientras puedas.
If you got a chance, take it, take it while you got a chance

Si tienes un sueño, ve por él, porque un sueño no vendrá por ti
If you got a dream, chase it, ’cause a dream won’t chase you back

Si vas a amar a alguien
If you’re gonna love somebody

Abrázalo lo más fuerte y por todo el tiempo que puedas
Hold ’em as long and as strong and as close as you can

Hasta que ya no puedas
‘Til you can’t

Hay una caja con piezas llenas de grasa en la cajuela de ese carro ’65
There’s a box of greasy parts sitting in the trunk of that ’65

Esperando todavía que tú y tu abuelo lo revivan
Still waiting on you and your granddad to bring it back to life

Siempre puedes tener tiempo para arreglar ese Pontiac
You can always get around to fixing up that Pontiac

Hasta que ya no puedas
‘Til you can’t

Si te sale una oportunidad, tómala. Tómala mientras puedas.
If you got a chance, take it, take it while you got a chance

Si tienes un sueño, ve por él, porque un sueño no vendrá por ti
If you got a dream, chase it, ’cause a dream won’t chase you back

Si vas a amar a alguien
If you’re gonna love somebody

Abrázalo lo más fuerte y por todo el tiempo que puedas
Hold ’em as long and as strong and as close as you can

Hasta que ya no puedas
‘Til you can’t

Así que contéstale el teléfono a tu mamá y habla con ella sin parar
So take that phone call from your momma and just talk away

Porque nunca sabrás cuánto lo vas a desear cuando ya no puedas hacerlo
‘Cause you’ll never know how bad you wanna ’til you can’t someday

No esperes hasta mañana porque puede que el mañana no llegue
Don’t wait on tomorrow ’cause tomorrow may not show

Di lo siento, di te amo, porque nunca sabes qué va a pasar
Say your sorries, your I-love-yous, ’cause man you never know

Si te sale una oportunidad, tómala. Tómala mientras puedas.
If you got a chance, take it, take it while you got a chance

Si tienes un sueño, ve por él, porque un sueño no vendrá por ti
If you got a dream, chase it, ’cause a dream won’t chase you back

Si vas a amar a alguien
If you’re gonna love somebody

Abrázalo lo más fuerte y por todo el tiempo que puedas
Hold ’em as long and as strong and as close as you can

Hasta que ya no puedas
‘Til you can’t

Si te sale una oportunidad, tómala. Tómala mientras puedas.
If you got a chance, take it, take it while you got a chance

Si tienes un sueño, ve por él, porque un sueño no vendrá por ti
If you got a dream, chase it, ’cause a dream won’t chase you back

Si vas a amar a alguien
If you’re gonna love somebody

Abrázalo lo más fuerte y por todo el tiempo que puedas
Hold ’em as long and as strong and as close as you can

Hasta que ya no puedas
‘Til you can’t
Hasta que ya no puedas
‘Til you can’t

Sí, tómala
Yeah, take it

EL VIAJE DE LA PEQUEÑA LLAMITA

Nueve de mayo de mil novecientos sesenta y cinco.

-Este día me gusta para iniciar mi nueva aventura, dijo la llama de luz. ¡Me encanta el plan que me has trazado, estoy muy emocionada, vamos a hacerlo!

– Adelante, asintió con la cabeza la otra llama, que era millones de veces más grande. Y mientras ambas observaban la Tierra desde arriba, la llama enorme le dio un empujoncito a la pequeña, haciendo que esta pasara del éxtasis a una desgarradora tristeza.

– Pero ¿qué te pasa? ¿Por qué lloras si tú aceptaste gustosa esta misión?

– ¡No sé, me parece increíble todo lo que voy a vivir, pero no quiero separarme de ti!

– ¡Nadie puede separarnos mi reina! Eres parte de mí… tú eres yo, y a través de ti, experimentaré el amor, el odio, la alegría, la tristeza, las ilusiones, ¡todo eso que he creado!

Pero la llamita ya no escuchó la respuesta. Entró de golpe y porrazo al cuerpo de un jadeante bebé. Aparentemente se le había terminado su contrato en el que antes fuera un espacioso departamento. Este parecía tener vida propia, se contraía cada dos minutos, aplastándolo y empujándolo a la salida sin remedio. El problema era que los guardias aún no abrían la puerta, a pesar de que el bebé tocaba y tocaba con su cabecita. Por fin, después de lo que para la llamita fue una eternidad, la puerta se abrió de par en par y el bebé salió agradecido a los amorosos brazos de un sonriente y orgulloso doctor. Era el papá de la criatura. Después de revisar que todo estuviera bien, le dijo a la mamá del bebé: ¡Es otra niña! Con toda la experiencia que le habían dado los seiscientos ochenta y siete partos que había atendido, cortó el cordón umbilical, le dio la bienvenida a su sexta hijita y se la pasó a su mujer. ¡Ay viejo, gracias a Dios que todo salió bien!

La pequeñita, sabiendo que en realidad era una llama de luz, abrió sus enormes ojos y miró agradecida a esas dos bellísimas llamas y supo que los amaría con locura y que sería correspondida.

Y suspiró llenando su campo áurico y todo su ser con el más puro amor.

De ese hermoso acontecimiento han pasado cincuenta y siete años. La pequeña llamita ha vivido de todo durante ese tiempo, y la Llama grande lo ha experimentado junto con ella. Las dos llamas que ella escogió antes de venir a la Tierra cumplieron ya su misión, dejándole el alma rebosando de amor.

Hoy, al cumplirse esos cincuenta y siete años, yo, la pequeña llamita conocida como Laura Jurado y también como Guny, agradezco al Ser Supremo (Llama Grande) por ayudarme a elegir esta maravillosa encarnación. No pude haber tenido mejores maestros. Mis queridos Gordos, junto con mis hermanos, esposo e hijos han sido lo mejor que me ha pasado.

Si a eso le sumamos a mi familia política, a todos mis tíos, primos, sobrinos, cuñados, amigos, mascotas, atardeceres, el jardín encantado, mis dedos hilando con rapidez una historia, los viajes, el olor a tierra mojada, las cuatro estaciones, la abundancia, la Pacha Mama, la meditación, el círculo de tambores, los abrazos, los besos, los te quiero, el acompañamiento de decenas de terapeutas, la magia manifestándose en mi vida, la paz, la alegría, el mariachi, la música de las grandes bandas, mi pijamita y mi bata en invierno, el bañarme con agua calientita, la satisfacción de hacer bien mi trabajo, el placer de servir… ¡uf! Me podría estar aquí toda la noche y la madrugada y no terminaría, pero el templo de esta pequeña llamita necesita descansar, así que aquí la dejamos.

Solo quiero lanzar un ¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS! a la vida, a la Fuente, a todo y a todos los que mencioné, y muy especialmente, a quienes hicieron que en mi cumple me sintiera muy querida y/o apreciada. Ya mañana (o más bien hoy pero cuando sea de día) comenzaré a agradecer sus publicaciones en mi muro.

Esta pequeña llamita honra y reconoce a todas las llamas que iluminan mi vida. Los quiero y así.

Abursito.

NADA ES PARA SIEMPRE

Por Laura Jurado

Esta mañana mientras me lavaba las manos en la cocina observaba embelesada el contraste perfecto del rosa y verde de mi azalea contra el blanco-casa-griega de la maceta que acababa de adquirir. ¡Qué belleza! Mis ojos recorrieron el mueblecito donde la tengo, y todo armonizaba: el tronco de un árbol, la casita de madera en las tablas de abajo, la maceta azul donde mi esposo trasplantó meses atrás unos piecitos de hiedra y que ahora (contrario a su naturaleza) crecen para arriba, inundando la parte superior del mueble, la pesada casita beige con piedras para que las abejas vengan a tomar agua y no se ahoguen. De repente me topo con un corazón de madera que había adquirido hace varios años en una venta de garage. Este venía originalmente atado a otros siete corazones, todos pintados de azul, pero cada uno con una palabra en color blanco: paz, amor, abundancia, y lindeces por el estilo. El inocente corazón que intentaba adornar el mueblecito estaba más pa´llá que pa´cá. La madera ya hinchada, la pintura comida, las letras casi ilegibles. Y pensé, bueno ¿y por qué todavía lo tengo si claramente se ve que ya cumplió con su función? Y eso me hizo reflexionar y darme cuenta de que al tirar o regalar las cosas que se van haciendo feas, que se quiebran, o dejan de funcionar, nos hacemos conscientes de que NADA ES PARA SIEMPRE, de que HAY QUE DEJAR IR. Y eso aplica también a personas. ¿De qué nos sirve una relación tóxica con una supuesta amistad, un amigovio, movida, pareja, conocido o pariente? Sí claro, no digo que hay que salir corriendo a las primeras de cambio, pero sí que hay que quitarse de donde no fluyas. Si cada vez que estás con esa persona te conviertes en algo que no te gusta, ¡ámonos!

Lo mismo aplica para cuando la vida es quien te quita algo o a alguien del camino, ya sea por cambio de trabajo, de residencia, por muerte, o simplemente porque ya no quieren estar contigo. Se acabó. C´est fini.

NADA ES PARA SIEMPRE.

NADIE ES PARA SIEMPRE.

Algún día todos nos graduaremos de esta universidad llamada VIDA. Mientras eso sucede, a disfrutar de lo que ahora podamos. A ESTAR PRESENTES.

Y hablando de estar presentes, un ejercicio que me gusta hacer es adelantarme con la mente unos años y pensar qué se sentirá recordar este tiempo en el que mis hijos aún viven con nosotros. El saber que estos años serán -probablemente- una cuarta parte de su vida, me hace saborearlo aún más. Me hace querer dejarles buenos recuerdos. Porque de eso se alimenta el alma. Porque de eso también vive el espíritu.

Wow… me sorprende la cantidad de pensamientos que surgieron con tan solo observar, pero más me sorprende la paz que siento después de escribirlos… ¡hagan de cuenta que fui a terapia!

¡Gracias pedacito de madera por compartir tu sabiduría conmigo!

LA AMABILIDAD, ESA HERMOSA CUALIDAD QUE NO CUESTA NADA… ¿O SÍ?

Antier tuve que ir a la estación de policía a reportar un accidente de tránsito. Nada serio, un besito que un señor cargando en su maleta ochenta abriles le dio a mi camioneta el sábado pasado. Me dirigía a mi clase de Pilates, y tómala que dando vuelta hacia una calle más transitada nada más sentí el golpe: ¡pum! El pobre señor se había pasado el semáforo en rojo. Nos “orillamos a la orilla”, nos bajamos, y después de comprobar que ambos estábamos bien, le pedí su licencia y su seguro.

¡Ay, discúlpeme señorita, esta mañana no tomé mi café! No pasa nada, lo importante es que los dos estamos bien.

Diez o quince minutos más tarde nos despedimos, y como ya había faltado a Pilates la semana pasada, me dirigí al estudio para -aunque sea- hacer ejercicio una media hora.

Apenas llevaba unas dos cuadras cuando me asaltó la duda: ¿deberé ir o mejor le aviso al seguro (y a mi marido)? El sonido de metal rozando con la llanta me dio la respuesta. Me paré en una calle menos transitada y le llamé al seguro, luego a mi marido y finalmente a la policía (no había nadie que tomara mi reporte, me dijeron que llamara el lunes). Mi esposo, no sé por qué, como que se enojó, pero como buen caballero, llegó en cinco minutos a rescatar a su dama.

  • ¿Pues no que había sido un besito?
  • Pues sí, ¿no? Pero no te preocupes, ya hablé al seguro y el señor va a pagar todo.

Mis palabras no disminuyeron en nada su preocupación ni hicieron que de sus labios brotara una sonrisita. Se puso a revisar los daños, y tras jalar un poco la defensa hacia él, logró que dejara de rozar con la llanta.

  • ¿Vas a ir a otro lado? Yo creo que es mejor que ya no salgas en esta camioneta

Y pues sí tenía varios pendientes, pero estaba consciente de que lo primero era lo primero, así que nos regresamos a la casa.

El lunes se me olvidó hacer lo del reporte de policía, que, si bien no era obligatorio, lo recomendaba la aseguradora, así que el martes saliendo del gimnasio me pasé a la Estación.

Me atendió una señorita que lo que tenía de bonita lo tenía de grosera, maleducada, malencarada y jetona (aunque estos dos últimos sean sinónimos, se los ganó). Le dije a lo que iba, y al comentarle que el buen señor y yo habíamos intercambiado información, casi casi me regaña por ello.

  • Ya no se puede hacer nada, contestó sin expresión.
  • ¿Cómo que nada? Yo hablé el sábado y la persona que me atendió supo que el señor me había dado sus datos.
  • Pues no. Ya no podemos asignar a un detective para que investigue.
  • ¿Y quién quiere que investiguen nada, disculpe? El señor reconoció que fue su culpa y su seguro va a pagar todo.
  • Pues no. No podemos hacer nada.
  • ¿Y entonces para qué me dijeron por teléfono que hablara o viniera el lunes?
  • Pues puede llenar este reporte en línea o por teléfono nada más.
  • Jelou… eso es lo que quiero!!!

Para esto, la vieja jetona hablaba muy bajito. Como en tres ocasiones le dije que no le escuchaba, y la muy “#$%& teniendo el micrófono frente a ella, se movía apenas un milímetro… pero hacia un lado, no hacia enfrente!!! ¡Ay qué frustración! De inmediato vino a mi mente la querida señora Rosa Isela Meléndez, con quien trabajé muy de cerca cuando -junto a otras maravillosas personas, como el Licenciado Roberto García- fundamos la Sociedad Protectora de Animales de Delicias y la Región.

La señora Meléndez, que era (y sigue siendo) toda una dama, nos contaba que cuando le tocaba ser atendida con desgano por alguna persona, les decía: No te gusta lo que haces, ¿verdad?

Estuve a un pelito de decirle eso a la fulana, pero no lo hice por collona… me dio miedo que por trabajar en la policía pudiera tomar represalias.

Al día siguiente fui al taller que me indicaron en la aseguradora, las personas con las que interactué me atendieron muy bien, lo mismo que la muchachita que mandaron de la renta de carros a recogerme.

¡Ah, pero todo fue llegar a Enterprise para que me dieran ganas de decirle lo mismo al hombrote (un joven de veintitantos años, altote y musculoso) que me atendió! ¿Por qué? Pues porque nunca sonrió, y de manera mecánica me pidió mi licencia, tarjeta de crédito y seguro.

Esa actitud -y la de la ruca del día anterior- me hicieron reflexionar sobre la amabilidad.

¿Qué les cuesta? -pensaba. ¡Tan fácil que es sonreírle a la gente y tratarlos bien! De hecho, me sorprende cuando las personas que atiendo (en los seguros) agradecen mi amabilidad.

 ¡Es que no me cuesta nada, al contrario, creo que mi vida sería horrible si tratara mal a la gente! Además, fue lo que siempre nos inculcaron mis papás.

Sin embargo, luego recordé a mi hijo, quien es muy buen muchachito, pero batalla para sonreír a personas que no conoce, o con quienes no convive mucho, como mis amigas, por ejemplo.

¿Por qué lo hace? ¿Por grosero? No, mi hijo en realidad es tímido (todo lo contrario de Catalina, quien tiene la sonrisa a flor de piel… ¡y eso me encanta!). Eso me hizo pensar que probablemente el hombrote y la amargada también lo son.

¿Qué puede hacer una persona que nomás no puede ser amable, ya sea por timidez o por jetonez, pero que entiende que la primera beneficiada si cambia de actitud va a ser ella?

Si es tímida, recordar que las demás personas no necesariamente saben cómo te sientes. Muchos de los grandes actores se siguen poniendo nerviosos frente al público o frente a las cámaras. Ay sí, pero ellos son actores y yo no. Bueno, nadie te está pidiendo que repitas un soneto de Shakespeare frente a trescientas personas. Lo único que tendrías que hacer (si quieres…) es respirar profundo, RECORDAR QUE LOS DEMÁS SON TAN HUMANOS COMO TÚ, y sonreír, lo demás viene por añadidura. Una sonrisa te abre puertas, derriba barreras. ¿Por qué? Porque a todos nos gusta que nos traten bien. No creo que haya alguien que disfrute de una mala cara, ¿tú sí? I don´t think so. ¿Te imaginas que alguien estuviera ansioso por verle la jeta al cajero del banco? ¿Por saludar a la vecina geniosa sabiendo que lo va a dejar con el ‘buenos días’ en la boca? No. El mundo no funciona así. En realidad, tendemos a buscar a la gente que nos hace sentir bien y a evitar a la que no.

Bueno, pero ¿y si no es timidez sino ganas de chingar al prójimo o falta de empatía? Lo mismo: empieza sonriendo. Y RECUERDA QUE LA VIDA ES UN BÚMERAN (boomerang para los que no sabían que así se dice o también bumerán). Tiras buena onda, se te regresa buena onda. Tiras mierda, se te regresa mierda. ¿Qué quieres atraer? Me parece que es fácil la decisión.

Me viene a la mente la bellísima canción “Don´t let it show” (The Alan Parsons Project), traducida al español como “Finge que no” y magistralmente interpretada por Mimí la de Flans. Así tú, finge que no te da flojera sonreír; finge que no te choca que lleguen los clientes a tu ventanilla y trátalos bien. Comienza fingiendo, sonríe, sonríe, sonríe, que tu cerebro no sabe la diferencia entre lo real y lo actuado. Llegará el momento en que la sonrisa saldrá de forma automática, y para entonces ya estarás acostumbrado al torrente de endorfinas, serotonina y dopamina que ese sencillo acto libera y a las reacciones positivas que obtendrás de las personas con quienes convivas.

Bueno, aquí están mis cinco centavos. Mientras tanto, seguiré sintiéndome muy orgullosa por haber tenido los padres más amables y serviciales del mundo.

Nos dieron buen ejemplo Gorditos queridos, ¡gracias por ello!

Estamos de regreso!!!

Laura Jurado 2021

¡Hola! Ahora sí que después de una prolongada ausencia, las historias del blog de Laura Jurado regresan!!!

¿Y a dónde se habían ido o qué? A ningún lugar en específico… bueno, al limbo pues. ¿Y por qué? No lo sé. Un buen día me entró la loquera y decidí no escribir más. OK, sí lo sé pero esos son rollos existenciales míos que no sé si les vaya a contar algún día.

Lo importante es que estamos (mis historias y yo) de regreso y eso me hace muy feliz, yay!!!

¿Y qué ha habido de nuevo? Uy, muchas cosas, una de las más importantes es que le di su lugar a mi adolescente interior, ya que es ella quien quería ser escritora, así que todo mi agradecimiento a esa muchachita por el sinfin de satisfacciones que me ha dado al irle dando forma a su sueño.

Otra no menos importante y que va de la mano con la anterior es que entré a un taller de narrativa con un súper maestro: Kato Gutiérrez, esto gracias a la invitación de mi querida amiga Lore García.

Los martes se han convertido en el día más esperado de la semana porque es la única manera de que yo escriba. Me encanta escuchar las historias de mis compañeros, los consejos de Kato, así como los comentarios y las correcciones a mis escritos. Es increíble ver cómo mi mente va derribando barreras y la pluma se va soltando (o las teclas, más bien).

Lo estoy disfrutando tanto que en parte por eso decidí reabrir el blog y pude rescatar casi todas las historias (eso sí, muchas de ellas sin las fotos y ninguna con los comentarios anteriores, por lo cual ofrezco una disculpa a quienes historia tras historia me regalaban unas cuantas líneas).

Este nuevo blog lo dividí en varias categorías:

Publicaciones 2013

Publicaciones 2014

Publicaciones 2015

Publicaciones 2016

Publicaciones 2017

Publicaciones 2018

Publicaciones 2019

Publicaciones 2020

Cuentos Cortos (donde publicaré lo que escribo en el taller)

Filosofando (que tiene más o menos el corte que el antiguo blog tenía)

Laura Jurado (esta sección).

Como ahora tengo mucho menos tiempo que antes, haré solo lo que pueda.

En fin, ¡hay tanto de qué hablar!

Por ahora, solo me resta darles la bienvenida y… ¡co-men-zamos!!!!

SANACIÓN

Laura Jurado 2021

Tengo una niña herida.

No sé qué le pasó, no sé quién la lastimó. Tan solo sé que tiene una herida que necesita atención.

Los opinólogos dicen (desde su trono de sabiduría inventado por ellos) que hay que dejarla así, que son chiplerías, pero no, yo veo el dolor que esa herida provoca en mi niña y siento la necesidad apremiante de ayudarla a sanar.

No es una herida que se vea, no es una cortada supurante o un hueso quebrado… vamos, ni siquiera a moretón llega.

No, su herida es interna y eso hace más difícil el proceso de sanación, pues cuando ella abre su corazón entregándose a aquello que le fue otorgado desde antes de nacer y alguien descalifica lo expresado por ella, mi niña sufre.

Sí, ya sé que debes sembrar tu propio jardín en vez de esperar a que alguien te lleve flores, no por nada se convirtió en uno de mis poemas favoritos cuando me aquejaba el mal de amores, pero mi niña no sabe cómo hacerlo… y yo tampoco sé cómo ayudarla.

Tengo una niña herida.

Por fortuna no todo el mundo descalifica sus dones. Ella está rodeada de personas que reconocen, aplauden, y hasta agradecen su talento. Pero eso no sana su herida… la cura no va por ahí. Lo único que esos cariñitos hacen es ayudarla a olvidarse momentáneamente de su herida.

Hoy intentaré algo diferente para sanarla. La traeré a este espacio sagrado en donde ella y yo nos expresamos; la sentaré en mi escritorio poniéndole una cobijita para que no le cale lo frío del vidrio. La abrazaré con fuerza, le besaré las mejillas despejándole el pelo de la frente, y le diré lo orgullosa que estoy de sus escritos… lo feliz que me hace al verla expresarse con tal maestría. Le contaré que cuando leo lo que ella escribe, mi corazón se llena, invadiéndome un sentimiento de plenitud y de satisfacción. Le confesaré que cuando yo era adolescente soñaba con ser escritora. Le contaré de aquello que escribí la noche anterior a mi viaje a Albuquerque con la Banda de Guerra. Y le pediré perdón a esa adolescente por haberme burlado de lo que ella se atrevió a plasmar en un cuaderno. ¿Quién era yo para truncar sus sueños de escritora? Nadie.

Wow… nunca lo había visto así. Invito entonces a mi adolescente herida, la veo entrar por la puerta, tímida pero feliz porque por fin reconocí el daño que le hice.

Se sienta en una silla junto a mí. Y aquí y ahora mi niña, mi adolescente y yo nos fundimos en un abrazo, liberando años y años de sufrimiento. Mi adolescente me mira a los ojos y agradece mis disculpas. ¡Quiero decirle tantas cosas! La abrazo con más fuerza y le muestro lo grande que es su don… le leo todos los comentarios que la felicitan por sus escritos y le piden que nunca deje de escribir… pero sobre todo, abro mi corazón y le muestro cómo se ilumina al leer y releer lo escrito por ella. Y reconozco su grandeza.

Mi niña observa la escena, fascinada. Abrazada a nosotras dos, susurra a mi oído: ‘Yo nunca estuve herida, no tengo nada que hacer aquí. Regreso al lugar que me pertenece’.

Y como en las películas de Hollywood, mi niña se hace chiquita, chiquita y vuela hacia mi corazón donde se instala y se pone a jugar con los perros y gatos que ahí también viven.

Mi adolescente y yo nos quedamos solas, tomadas de las manos. Su mirada cambia… su postura también. De pronto ya no es una muchachita tímida sino una joven mujer que reconoce y atesora el gran don que le ha sido otorgado.

La invito… no… le pido que por favor siga escribiendo, que se exprese a través de estos dedos cincuentones que tanto disfrutan hacerlo.

Mi muchachita asiente con la cabeza, agradecida y entusiasmada hasta la médula. Me besa las mejillas y la frente, me da un último abrazo, y se hace chiquita como mi niña y vuela a mi corazón. Ahí la espera ya un lugar especial que le he preparado, un escritorio hermoso con una compu deseosa de ser tocada por esos talentosos dedos. Ella llega, prende un incienso, acaricia a las mascotas, le guiña un ojo a nuestra niña y se sienta como una reina en su trono, dispuesta a volcar su corazón en cada palabra.

SALIÓ DEL BAÑO DE MUJERES

Laura Jurado 2021

Le daba carrilla a su esposa, no quería llegar tarde a la reunión de los no sé cuántos años de egresados de la Universidad. La señora, pachorruda hasta la pared de enfrente, salió echando tiros una hora y media después. Sabía que ahí iba a estar María Gloria, la primera novia de su Homero y quería asegurarse de que él no tuviera ojos para nadie más.

Cuando llegaron al lugar, lógicamente todos los ojos voltearon hacia ellos. Recordando lo que había aprendido cuando concursó para Señorita Coahuila, Myrna caminó al compás de la música.

¡Ah pero cómo estoy buenota, qué bueno que le hice caso a María Inés y le metí duro al Pilates!

Y la verdad es que sí, la señora Vega todavía paraba el tráfico.

Myrna podía sentir una mezcla de miradas: de aprobación, de envidia, y por supuesto, unas cuantas de lujuria.

  • Buenas noches, buenas noches, buenas noches, buenas noches.

Hacían una bonita pareja, Homero también tenía lo suyo, era súper popular y querido por todos.

Y ahí estaba ella…

Méndiga vieja, no se hace nada!!!! -pensó… Híjole, qué bueno que me puse este vestido!

  • ¿Ya viste a tu adorado tormento? -le dijo al oído a su amor, rozándole provocativamente la oreja con los labios.
  • No, ¿a quién?
  • Ay, no manches Homero, que bien que hasta metiste la panza cuando pasamos frente a ella.
  • Jajajaja, me cachaste. Bueno sí, ya la vi y qué…
  • No nada, me divierte esta situación.
  • Claro mi reina, a ver, ¿quién fue la ganona?

Y sonriendo con complicidad, Homero la condujo hacia la mesa donde ya estaban sus amigos de toda la vida, esos que se habían convertido en familia. Saludaron a todos con efusividad, y sabiéndose el hombre más envidiado del salón, abrió galantemente la silla de su adorada Myrna.

Aunque habían llegado tarde, les iba a tocar la parte más divertida, esa donde entregaban reconocimientos por lo que se habían destacado en la universidad.

Claro que eso era lo que más le chocaba a Homero… después de tantos años, ¿a quién le importaba quién había sido el más popular, el más político o el más desmadroso?

Le parecía absurdo aferrarse a un pasado que hacía mucho había quedado atrás. Aduciendo que iba a fumar, se disculpó con su esposa y con todos los de la mesa y se dirigió hacia la alberca. Y bueno, esa no era la única razón… la verdad es que el ver de nuevo a María Gloria le había removido sentimientos que creía ya inexistentes. Pero no me malinterpreten, no es que no estuviera enamorado de Myrna, aún lo estaba… y bastante… peeero el primer amor es el PRIMER AMOR.

A María Gloria le pasó igual. Su reciente divorcio la había mandado a la lona en todos los sentidos y lo que la mantenía en pie era la ilusión de volver a ver a su Homero. ¡Ay… ‘su Homero…’ qué bonito se escuchaba eso.

Despistadamente se levantó de la mesa, pero para no verse tan obvia, se fue para el baño. Parada frente al bello espejo de talavera, comprobó que su maquillaje estuviera impecable y sonrió agradecida por esa cara y esas curvas que Dios y sus papás le habían obsequiado.

Tomó una respiración profunda, dispuesta a salir a buscar a Homero. Estiró el brazo para alcanzar el picaporte y no pudo evitar el recordar la clase de Tiempos y Movimientos donde se habían conocido. ¡Ah cómo cotorreaban los amigotes de Homero con eso de Selecciona, Alcanza, Coloca en posición y Ensambla! La verdad es que María Gloria era muy inocente y no entendía de qué se reían tanto, pero Homero era todo un caballero y siempre procuraba que no fuera el blanco de las bromas de la bola de barbajanes.

Un rápido giro de la perilla la sacó de sus pensamientos. La puerta se abrió para dar paso a un asustado Homero. La había visto entrar al baño y venía decidido a decirle que lo que hubo entre ellos fue mágico pero que él amaba a su esposa. ¿Y cómo para qué le tendría que decir eso? Pues para que a ella no se le ocurriera dar el primer paso, porque si lo hacía, lo volverían a hipnotizar sus ojos grises tan grandes como los veintes que le daba su papá de domingo cuando era niño.

  • ¡Homero! -exclamó María Gloria emocionada, lanzándose a sus brazos.

El pobre Homero no pudo decir nada. La abrazó con fuerza y cerró los ojos pidiendo a Dios que no le tirara la onda, al tiempo que empujaba la puerta con el pie para que no los fueran a sorprender. Como esta no cerraba bien, tomó el picaporte y lo giró con tanta fuerza que se quedó con la perilla en la mano.

  • ¡Ah picarón! ¿Qué hiciste? Ya nos quedamos aquí atrapados!!! -dijo coqueta María Gloria.

Una oleada de recuerdos lo invadió: la primera vez que la vio en la biblioteca de la universidad, la tarde que la sacó a bailar en las bodas de plata de su vecino y le preguntó si quería ser su novia, la primera vez que le agarró la mano, el primer beso, el primer faje como dos años después… ¡Ay güey, ya no me quiero acordar!

Todo su cuerpo le gritaba: ¡aprovecha pendejo! Pero el buen Homero, leal como él solo, únicamente escuchaba a su corazón, y aunque en una parte de este aún había un lugarcito para María Gloria, la verdadera reina era Myrna, su Myrna.

  • Mira chiquita, no voy a negar que me emocioné al verte… estás guapísima, como siempre… o tal vez más, pero si vine aquí fue para decirte que amo profundamente a mi esposa. Eres una mujer que tiene muchísimas cualidades, estoy seguro de que pronto te recuperarás de tu divorcio y volverás a ser feliz, con otro hombre o contigo misma.

Al decir esas palabras, la puerta se abrió. Afuera estaba Myrna, totalmente conmovida.

  • ¡Ay señor Vega, qué cosas tan bonitas acaba de decir! -y comenzó a comérselo a besos.

Los ojos grises de María Gloria se tornaron lilas… como le pasaba siempre que lloraba. Pero estas eran lágrimas de emoción, la llenaba de una gran alegría el saber que su Homero era feliz.

Y tomados los tres de la mano, salieron del baño de mujeres.

Pitágoras

Hace unos días venía yo manejando, y mientras recorría las calles de mi golpeada ciudad de El Paso, pensaba en ciertas cosas. Cosas que si bien no eran para nada comparables a la tragedia vivida hace unas semanas, de todos modos me afectaban. No sé si les haya pasado… de esas veces en que dices ¡Chingado…! ¿Cómo fue que se dio todo esto? Yo creo que la última vez que me sentí así fue cuando a los dieciocho o diecinueve años me besé con el que le gustaba a una amiga y esta nos cachó… ¡trágame tierra!

Pues ahora así de mal me sentía… No por haber hecho algo indebido, sino por la forma en que se dieron las cosas. Sin embargo, algo fue diferente en esta ocasión: la certeza de que todo, absolutamente todo lo que nos sucede es para nuestro bien; que es necesario para que aprendamos y evolucionemos; y que todo eso fue elegido por nosotros mismos y por el mero mero (acertadamente llamado El Creador), y que las personas involucradas aceptaron amorosa y voluntariamente ayudarnos en este experimento llamado ‘chingadazos que te pone la vida’.

Pues bien, venía yo manejando y dándole vueltas al asunto, cuando hice lo que jamás había hecho: comencé a bendecir a las personas involucradas, de una por una. Sorprendida de lo bien que se sentía hacer eso, le seguí con mi familia, de uno por uno, luego con las víctimas del tiroteo, sus familiares y seres queridos, y ¿por qué no? con el asesino; posteriormente me pasé a bendecir a los carros que pasaban junto a mí, a los negocios que veía, a la ciudad, al estado, al país, al continente, ¡a todo el mundo!!!

Créanme que cuando llegué a mi casa fue como si hubiera ido a una terapia… ¡uf… qué liberación!

Al día siguiente sí fui a una terapia (de desbloqueo) con una lindísima mujer: Rosy Draime … ¡híjole, que cosa más hermosa! Esa tarde estuve acompañada (energéticamente, of course) de mis queridos Gordos y mis amados Guías, quienes me dejaron muy fortalecida.

Un día después descubro ‘por casualidad’ un video de una dulce mujer: Ame Ruiz, fundadora de la Academia de Filosofía Pitagórica. Ahora resulta que Pitágoras no solo era matemático, sino que sabía muchísimas cosas sobre la reencarnación y la espiritualidad. Él decía que el objetivo de la vida es cambiar los defectos por virtudes: que nacemos en un punto vibratorio y venimos a conseguir uno más sutil.  Pero lo que más me pudo encantar del video fue que como el tiempo no existe ya que tiene solo una puerta (el hoy)PODEMOS VIAJAR CON LA IMAGINACIÓN A DONDE QUERAMOS Y REESCRIBIR NUESTRA HISTORIA: pedir perdón, perdonar, corregir (en mi caso, cambiar todos los acontecimientos que desencadenaron esa fea situación de la que hablo al principio). Pero Pitágoras no se queda ahí, él propone algo más profundo: ir al momento de la concepción y decirles a nuestros padres (a cada uno de manera individual) que nos perdonen por tomar sus defectos, y liberarlos (¡órale!). Eso me pareció que tenía sentido, ya que Haydée Carrasco o Laura Buendía (no me acuerdo cuál de las dos) me había enseñado que podemos ponerle un final feliz a aquello que nos atormenta o nos llena de dolor, puesto que para el subconsciente es exactamente lo mismo si es real, actuado o simplemente imaginado.

Ahora yo les pregunto: ¿se dan cuenta del tesoro que tenemos entre manos??? Literal, con esto el buen Pit nos dice: ¡PARE DE SUFRIR!

Y yo quiero hoy pasárselos al costo por si no lo sabían o no lo recordaban:

NO TIENEN POR QUÉ VIVIR ATORMENTADOS POR COSAS QUE SUCEDIERON EN EL PASADO, ustedes tienen la capacidad de cambiar los acontecimientos (por lo menos desde un punto de vista energético) y liberarse del odio, del rencor, de sentimientos de rechazo o desaprobación, etc.

Y una vez que se hace eso, a pasar página y a dejar de andar llorando escondidos por los rincones, orrait?

Valen mil, nunca cambien. Los quiero y así. 

Nota: Para los que quieran saber en qué acabó todo, solo les diré que el viejo y conocido refrán de “Andando la carreta se acomodan las calabazas” es muy acertado. Ahora todo está bien en mi vida y yo quedo inmensamente agradecida con las personas que me acompañaron en el proceso (en un lado del ring o en el otro). Mi espíritu saluda a su espíritu con la más profunda reverencia: ¡GRACIAS POR HONRAR NUESTRO PACTO DE AYUDA MUTUA!

Filosofando en el panteón

Hace un mes tuvimos la cena de Navidad en mi casa junto con algunos de mis hermanos, sobrinos, la tía Tikis, y por supuesto, mi esposo e hijos. De repente, con diferencia de media hora, recibimos la noticia de la muerte de dos queridas personas: mi primo Piqui (Horacio Guillén Jurado, quien era el cronista de la familia) y el Ingeniero Francisco Aguayo León, papá de mis amigas de toda la vida Elsa y Marcela y de mi carnala Adriana.

Como Piqui vivía en la ciudad de México, estaba muy cañón ir a despedirlo, y más teniendo casa llena. En cuanto al ingeniero, pensé que no iba a poder acompañar a mis amigas en su duelo, pero afortunadamente lo cremaron, y su misa fue casi una semana después, por lo que me dio tiempo de viajar a Chihuahua.

El día de la misa, antes de dirigirnos a la iglesia, el Pollo y yo hicimos escala en el panteón para dar el pésame a otra familia que conocemos de años y con quien también nos une un cariño muy especial. Hablo de los hijos de los compadres Chuchi y Olga Fernández (mi madrina de Primera Comunión) quienes despedían a la esposa del hijo más chico.

Durante el entierro me puse a observar la escena desde otro plano. Al ver a la gente abrazarse llorando, deseé de todo corazón que ellos pudieran ver lo mismo que yo: no un adiós,  sino un hasta luego; no un enterrar a una persona, sino una despedida a alguien que se va a vivir a otro lado pero que no puede llevarse el carro que hasta hace unos días manejaba; no una despedida triste de personas acongojadas, sino una bienvenida alegre a otro plano por sus seres queridos que ya pasaron por lo mismo, y por otros seres luminosos y amorosos.

En esos momentos de reflexión profunda, comencé a pensar en lo que quisiera decirles a mis deudos y a todo aquel que quisiera irme a despedir. Y así surgió este escrito. Primero pensé en dejarlo en algún lugar visible en mi casa, pero mejor decidí publicarlo en el blog, esperando que alguien se acuerde de él y lo lean en mi funeral.

Y no es que ande pensando en la muerte, ni que oiga pasos en la azotea. Es simplemente que me gustaría compartir mi forma de pensar en esos momentos, así que ahí les voy (o sea, léase en caso de mi muerte y así ?).

Primero que nada, si muero antes de ser una anciana, sepan que no morí prematuramente…

Era mi tiempo de dejar esta maravillosa vida que me ha dado tantas satisfacciones;

Era mi tiempo también de despojarme de esa increíble, bella y perfecta maquinaria (mi cuerpo físico) que le fue asignada a mi espíritu cuando acepté venir a la Tierra y tener una experiencia humana.

Y lo más importante, era mi tiempo de volver al Hogar y verme de nuevo cara a cara con mi amado Creador.

¿Que si quisiera durarle muchos años a mis hijos, a mis nietos (si es que los llego a tener), a mi esposo y a mis hermanos? Por supuesto, pero quiero que sepan que no me voy del todo… y no les voy a salir con la mamada esa (ahí disculpen) de que mientras me recuerden estaré con ustedes… No. Me recuerden o no, yo les daré sus vueltas. Y bueno, esto lo digo con conocimiento de causa, ya que así ha ocurrido con mis papás y con incontables personas que se dan sus escapaditas del Other Side.

En cuanto al funeral, en alguna ocasión escribí que quería que fueran vestidos de colores alegres porque la “muerte” es en realidad el nacimiento a la Verdadera Vida y debe ser motivo de júbilo, ¿pero saben qué? ¡Que cada quien vaya como se le dé su regalada gana! Bastante he controlado a otros en vida como para también hacerlo después.

Lo único que sí me gustaría es que no me pusieran un ataúd mega elegante… ¿como para qué o qué?
No. Yo quiero el ataúd más sencillo que haya, un vil cajón que contenga mis restos durante el funeral, ya que voy a querer que me incineren… y aunque me enterraran, la neta no entiendo para qué tanto lujo… es como tirar la basura en bolsas Gucci o Prada. Pero no me malinterpreten, estoy consciente de que mi cuerpecito ahorita es muy valioso pues es el instrumento que usa mi espíritu para manifestarse, pero una vez que este último termine con su misión, no tiene ningún sentido rodearlo de lujos. Eso (creo yo) debe hacerse en vida (hermano, en vida).

¿Y qué más quiero que sepan? Ah pues que en la medida de lo posible y de acuerdo con la información que tengo, yo estaré presente en mi funeral. Y voy a oír a los que me saquen la garra, jajaja, pero no se apuren, que eso no sea motivo de preocupación.  Lo importante de esto es que oiré también a los que me hablen… sentiré su cariño y los envolveré con mi amor…  Cuando pasen los días pediré permiso para venir a verlos cada vez que se pueda, y por medio de señales les haré saber que por aquí ando.

Y algún día, si uno de ustedes me busca, yo me presentaré a través de un médium y/o me haré presente en sus sueños… y será como si no me hubiera ido.

Durante todo ese tiempo viviré en el Otro Lado hasta que esté lista para cuando Dios me vuelva a presentar un nuevo proyecto de vida y me pregunte: ¿Tons qué, lentras mi reina? Y yo le contestaré que sí con la misma alegría con la que decidí encarnar en la persona que soy ahora.

Y comenzará todo de nuevo…

Y si llego a ser muy afortunada, me reencontraré con mis grandes amores de esta vida: mis hijos, mi esposo y mis papás.

Mientras ese día llega, saboreo cada instante de la vida que ahora poseo y doy gracias (a gritos como dice mi amiga Karmela) por ser tan afortunada.