Laura Jurado 2021

Las palabras del médico retumbaban en su cabeza: Su esposa tiene una mancha en el pulmón, tenemos que hacer una serie de pruebas para poder darle un diagnóstico.

  • ¿Qué? ¿Mi esposa? ¿Pero por qué? ¡Apenas tenemos cuatro meses de casados! ¿Está seguro doctor?
  • Cálmese Rogelio y escuche lo que le estoy diciendo.
  • Pues lo estoy escuchando, pero el que no parece comprender es usted. ¡Tenemos tantos planes! ¡Usted no me puede estar diciendo esto!

El doctor Piña movió la cabeza de un lado a otro tratando de entender la desesperación del joven cantante.

-Ahorita lo único que podemos hacer es esperar. Me dijeron que usted dará un concierto mañana por la noche, ¿es así?

– Sí.

– Pues váyase a su concierto, disfrútelo y el lunes temprano ingresamos a su esposa para hacerle los estudios.

Rogelio salió del consultorio sintiéndose como personaje de caricatura, de esos que traen un yunque amarrado al corazón.

Arrastrando los pies se dirigió hacia el estacionamiento de la planta baja donde lo esperaba Colette, su asistente, al volante de un precioso Audi. Había rentado ese auto para impresionarla y así ganar puntos para llevársela a la cama.

Ahora esa idea le parecía ridícula, ¿qué fregados andaba haciendo, conquistando jovencitas cuando tenía al amor de su vida en casa?

-Sí que la has regado -se dijo, sintiendo cómo las lágrimas le quemaban las mejillas.

– ¿Estás bien Roger?

La voz ronca de su asistente lo irritó aún más. Le hizo una seña de que no quería hablar y cerró los ojos.

Esa noche volvió a enamorarse de su esposa. Hicieron el amor no sé cuántas veces. Ninguno de los dos tocó el tema, pero ambos sabían que podían estar a punto de perderlo todo.