Este fin de semana viví una de las experiencias más fuertes y enriquecedoras de mi vida al tener la fortuna de participar en un retiro para sanar las heridas del vientre materno.

Todo comenzó hace varias semanas cuando Haydée Carrasco nos habló sobre el retiro en el taller que estamos tomando. Desde que lo anunció me dieron muchas ganas de asistir, pero como también quería ir al curso de Activación de la Glándula Pineal con Laura Buendía, no estaba segura de poder hacer las dos cosas. De cualquier forma, no lo descarté; me apunté y la vida siguió su curso.

Tomé el curso de la pineal, del que ya les conté (padrísimo), y se llegaron las vacaciones de mis hijos. Mi esposo programó unos días libres para salir todos juntos, según él, después del retiro, pero no era así, éste coincidía con la fecha de las vacaciones. Al darse cuenta de su error, todo lindo me dijo que no me preocupara, que le hubiera gustado que nos fuéramos los cuatro a algún lado, pero que yo ya tenía planeado aquello. Mi primera reacción, agradecida con él por darme la libertad de elegir, le dije: “No, cómo crees, es importante el retiro, pero es más importante la convivencia en familia, y bla, bla, bla”. A las pocas horas de haber dicho eso, comencé a arrepentirme y a enojarme conmigo misma por hacerme la víctima frente a mi marido. Me fui a dormir rumiando mi pena y cuando desperté, lo hice convencida de que debía de aprovechar esa oportunidad de oro. La pensé un poco y luego se la solté; afortunadamente, me entendió.

Una vez tomada esa decisión, me sentí feliz y entusiasmada ante la idea, no solo de ir al retiro, sino también de enfrentarme a mis molinos de viento, es decir, al miedo a quedarme sola en la casa.

Molinos de viento y don Quijote

¿Miedo, una señora de 50 años? Sí. Y como bien dijo alguien: “A lo único que hay que tenerle miedo es al miedo”, decidí hacerle frente, ya que probablemente alguna vez en la vida me va a tocar estar sola y qué mejor que estar preparada. (Ha pasado una semana de esto y justo hoy me di cuenta que eso de trabajar en el miedo no fue idea mía, sino de mis adorados ángeles. ¿Que cómo lo supe? Ah pues porque hoy que abrí el libro de mensajes de los ángeles de Doreen Virtue me salió uno que había estado recibiendo con frecuencia durante varias semanas: HUELE LAS ROSAS. Extrañada de que insistieran tanto en lo mismo, decidí leer el mensaje de la página contraria y casi me voy de espaldas cuando veo que dice: LIBERA TUS MIEDOS. ¡Plop!)

Libro Doreen Virtue

En fin… continuamos.

Mi familia salió el miércoles pasado como a las 9 de la mañana. Conforme se iba alejando la camioneta, comencé a tener sentimientos encontrados. Por un lado, me entusiasmaba la idea de quedarme sola a vencer mis miedos y a disfrutar de la aventura del retiro; por el otro… no sé, me empecé a sentir nerviosa, me sudaron los pies y las manos y el estómago se me hizo nudo… me imagino que era el miedo a lo desconocido.

Sacudiéndome ese sentimiento extraño, cerré la puerta y me puse a trabajar en mis traducciones. Mi plan era aprovechar al máximo esos tres días de soledad haciendo algo productivo, por lo que ese día no salí y ni siquiera me bañé (aunque sí me cambié). Me preparé algo de comer, recogí la popó de los perros, hablé varias veces con mi familia, etc.

Y que se llega la noche…

Llevaba casi todo el día en la habitación donde acostumbro escribir, y ya para dormir, fui cerrando de una por una las recámaras y el baño de mis hijos. Luego metí a los perros, cerré las cortinas, me aseguré que las puertas estuvieran cerradas y me llevé la compu a la cama para poner música que me tranquilizara. No tenía mucho miedo… nomás de un lado, jajaja. Busqué música tranquila y lo primero que apareció fue Mozart para bebés. Seleccioné algo de él y me dormí. Desperté a media noche y como que me quiso dar miedito, pero no lo dejé.

A la mañana siguiente desperté feliz por haber pasado la prueba y después de bañarme me fui a Pilates y por unas cosillas al super. Regresé y me volví a encerrar a piedra y lodo, pudiendo avanzarle muchísimo a las traducciones. Ni cuenta me di cuando llegó la noche… no me dio el menor miedo… yupi!!!

El tercer día, ya en la tarde-noche vino el hijo de mi vecina por la llave para darle de comer a los perros el sábado, si es que no regresaba mi familia a tiempo.

Cuando el muchacho se fue, me sentí feliz porque uno a uno iba quitándome los pendientes para poder irme al día siguiente. Me había puesto a traducir en la cocina junto con los perros y tenía el disco Los Dúo de Juanga. Cuando entré de nuevo a la casa, estaba una canción súper pegajosa y movida: “Vienes o Voy” y, no sé de dónde me salió lo artista, que comencé a bailar y a cantar a todo pulmón por toda la cocina.

Vienes o Voy

Si bien me gusta mucho bailar y cantar, nunca me había soltado el chongo como ese día… mis caderas se movían como jamás lo habían hecho, y cuando terminó la canción, sentí una alegría y una liberación indescriptibles y comprendí por qué el baile es tan importante en muchas culturas. Ya para acostarme, abrí el libro de Doreen Virtue… ¿y qué creen que me salió? BAILA. Y el mensaje decía, entre otras cosas: “Esta energía que siempre está en ti y compartes con todas las personas, te permite manifestar conscientemente tus sueños… Bailar te ayuda a recuperar la conexión con tu esencia física divina…”. Y así me sentí. Sabiéndome increíblemente bendecida y afortunada, me fui a dormir, pues mi amiga Ana, que a última hora había decidido acompañarme (yay!!!), iba a pasar por mí muy temprano.

Me levanté según yo con el tiempo necesario, pero calculé mal y tuve que hacer esperar a mi amiga 15 minutos. Al fin salimos (muy emocionadas) a las 7:30.

El retiro iba a ser en ´Holy Cross´, un hermoso lugar en Las Cruces, Nuevo México (el mismo donde había tomado el de meditación en silencio el año anterior).

Holy Cross Retreat Center

Ahí estaba ya Haydée, quien nos asignó las habitaciones. Nos tocó a Ana y a mí con Dany, una chava muy linda que va al taller, pero tuvimos que cambiar de cuarto para dejarle el nuestro a una señora mayor a la que le dolían mucho las rodillas. En ese cambio perdimos a Dany, ya que en la nueva habitación había una persona y solo eran tres camas. A nuestra compañera (Maricarmen) jamás la habíamos visto, pero pronto nos acoplamos.

Bajamos a registrarnos; ya estaban ahí Consuelito (quien en verdad es Consuelote, ya que es una guapísima y dulce mujer de casi 1.80) y mi tocaya Laura (una güerita muy linda). También me encontré a Adriana mi estilista, quien es la que hace varios años me habló de Haydée (lo cual le agradezco infinitamente), a otras personas del taller, una señora muy agradable de Nuevo Casas Grandes y otras que no conocía.

De una por una, fuimos entrando al salón y acomodamos nuestras cobijas y almohada.

Y aquí hago una pausa para pedir una disculpa porque no voy a poder ahondar mucho sobre lo que sucedió durante este maravilloso fin de semana. Primero, porque no apunté nada. Segundo –y más importante- porque Haydée me pidió que no soltara toda la sopa para no quitarle la magia a las y los futuros participantes.

Como había algunas personas que no la conocían, ella comenzó presentándose. Nos dijo que había comenzado en este camino hacía 17 años, después de adoptar un bebé. Tratando de entender y de sanar lo que él había vivido durante el tiempo que estuvo sin ella y sin su marido, empezó a tomar cursos de esto y lotro, mismos que la llevaron, no solo a certificarse como terapeuta y a ser el ángel de muchísimas personas, sino a ayudar a su bebé y a otros dos más que adoptaron después. Y con gran emoción, nos dijo que ese retiro era sumamente importante para ella porque en esa ocasión, su hijo mayor había querido asistir para sanar sus propias heridas. El hijo resultó un hermoso joven de 18 años con un gran talento para el dibujo y un corazón de oro.

Después de esto, Haydée procedió a explicarnos de qué trataría el taller e hicimos la primera meditación usando la imaginación creativa. No voy a decir exactamente en qué consistió, solo diré que involucraba a Dios, a la Divinidad, a la Fuente, o como gusten llamarla y que el estar a su lado fue el máximo regalo que he recibido en años (si no es que en toda mi vida)… me invadió un gran gozo y di gracias por ese inolvidable momento.

Origen

De esa meditación salió mucha información valiosísima para todos los participantes y Haydée fue atendiendo nuestras necesidades de terapia como se iban presentando.

Y así fue durante todo el día. Me llamó mucho la atención que la mayoría de la música que se utilizó en el retiro fue de Mozart, ya que yo lo había puesto apenas unos días antes y no es alguien a quien yo suela escuchar (mi consentido es Dvořák con su Sinfonía del Nuevo Mundo).

Ya casi para retirarnos, nos puso una dinámica –de la cual tampoco puedo hablar, pero que me devolvió cuarenta y tantos años en el tiempo. Terminamos el día a las 9 de la noche, felices, agotadas y emocionadas.

Como habíamos llorado muchísimo (bueno, no todas, pero la mayoría sí) y se había movido tanta energía, Haydée nos recomendó tomar un baño caliente e irnos de inmediato a la cama sin entrar al feis ni nada, si acaso, solo checar a la familia.

Mis compañeras de cuarto y yo obedecimos parcialmente, pues si bien no entramos al chisme y sí nos bañamos, nos quedamos platicando como hasta las 12 y eso porque alguien vino a tocarnos la puerta para que apagáramos la luz.

Al día siguiente hicimos otros ejercicios, todos poderosísimos, pero hubo unos que me llegaron más que otros. Dos de estos los hicimos afuera y Consuelito y Laura nos tomaron fotos. Cuando nos las mostraron, nos quedamos de a seis, pues en una de ellas se ven dos rayos, uno blanco, vertical, y el otro, moradito y horizontal.

Laberinto-luces

Pero la que más me impresionó fue otra en la que claramente se ve un tubo de luz…

Tubo de luz, retiro

El Tubo de Luz es por medio del cual nuestros cuerpos físico, etérico, mental y emocional permanecen unidos al Yo superior y a la Presencia YO SOY. Si bien, se supone que éste no es visible ante los ojos humanos, en esta foto lo pudimos ver claramente. 

Yo Divino

Y sí, también en esos dos ejercicios lloré, lloré y lloré.

Terminamos el taller agradecidas con la vida, con Dios, con todos los participantes (especialmente con el hijo de Haydée, quien fue el causante de que tantas y tantas personas nos beneficiáramos con el cambio de giro de su mamá), y por supuesto con Consuelito, Laura y la propia Haydée.

Llegué a mi casa en donde ya estaban mi esposo y mis hijos. Comí algo que habían preparado y no pude ni enjuagar mi plato… estaba agotada. Me fui a ver un rato la tele y me quedé dormida por dos horas. Claro que si no hubiera tenido que lavar, me hubiera seguido de corridito hasta hoy en la mañana.

Han pasado varias horas y sigo maravillada por ese regalo tan grande que recibí el fin de semana. Fue algo revelador, súper intenso, reparador, pero sobre todo, liberador.

Sé que queda mucho por hacer, sin embargo lo que ahí limpiamos en nosotros, se limpió también en nuestros antepasados y en nuestra descendencia.

Vaya pues mi trabajo de esos dos días, con amor para todos ellos.

¡Gracias Dios!!!!!!!!!!!