LA CARRERA

Cuenta la leyenda que hace muchos años hubo una competencia deportiva en un Kínder de Ciudad Delicias, Chihuahua. Los niños llegaron muy temprano, muy guapos con su uniforme deportivo y acompañados por sus familias. Una de las pruebas era la carrera de 100 metros planos, y cuando fue el turno de los de Maternal, uno a uno se fueron colocando en sus respectivos carriles. De pronto escucharon la señal acordada y comenzaron a correr con esa gracia natural que tienen los pequeños de tres años. Cuando pasaron la meta, los participantes fueron bajando la velocidad, no así un niño, quien después de haber llegado en primer lugar, siguió corriendo y corriendo; era tal su entusiasmo, que los maestros tuvieron que ir por él, lo que hizo que los asistentes estalláramos en carcajadas.

Ricardo La Carrera

Ese corredor entusiasta era mi hijo Ricardo, y de eso han pasado ya quince añotes. Él es ahora un guapísimo joven de 18 años y éste domingo celebrará otra etapa muy importante: la culminación de sus estudios de preparatoria.

Esta será la última meta para muchos de sus compañeros, pero no para mi hijo, ya que como lo hizo durante la competencia de 100 metros planos, él quiere seguir corriendo y alcanzando diferentes metas: estudiar una carrera, la maestría, un doctorado, hacer contribuciones importantes al campo de la medicina, escribir libros, dar conferencias, etc.

Hace algunos años le pregunté por qué, si tenía la capacidad de sacar puras A´s, se conformaba con algo menos. Su respuesta me dejó de a seis. Me dijo que para él era más importante llevar una vida equilibrada, y que la parte social era fundamental para su felicidad (toinnnn!!!). Me hizo comprender que sus palabras estaban llenas de sabiduría, y en ese momento supe que prefería tener un hijo FELIZ que uno con veinte mil logros académicos y/o deportivos.

Sintiéndome de nuevo en las gradas, le digo desde lo más profundo de mi corazón:

Corre muñeco y sigue apostando por tu felicidad.

Corre, corre y no permitas que nada ni nadie te detenga.

Corre, que tus orgullosos padres vemos cómo te conviertes en un hermoso y responsable adulto, y mientras podamos, estaremos físicamente a tu lado para echarte porras y celebrar tus triunfos… después lo haremos desde el Otro Lado.

Y como nos decías de chiquito: Queo mucho!!!

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EL SHOW DEBE CONTINUAR

Cuenta la leyenda que hace muchos años hubo también un festival en la misma escuela de Ciudad Delicias, Chihuahua.  Todos los niños estaban muy entusiasmados con su vestuario y uno a uno comenzaron a desfilar por el escenario; cuando se llegó el turno de los chiquitines de primero de Kínder y Maternal, comenzaron a sonar los acordes de El Baile del Gorila (♪Las manos hacia arriba, las manos hacia abajo, como los gorilas, uh, uh, uh… todos caminamos ♫).

Miss Gaby (la maestra) y los niños iban disfrazados de gorilas, mientras que las niñas, de rumberas (con una blusita ombliguera, shorts y pareo). Todos comenzaron a contonearse al ritmo de la canción, brincando con ganas al escuchar el “uh, uh, uh”. De repente, a una de las niñas más chiquitas se le empezó a caer el pareo, pero ni eso ni las risas del público le importó, ya que se agachó para subírselo y siguió bailando. Como el pareo no estaba bien ajustado, se siguió cayendo una y otra vez y la niñita siguió subiéndoselo rápidamente para continuar en lo suyo. Al terminar la canción, todos reímos a carcajadas y aplaudimos con ganas.

Catalina Gorilas

Esa rumberita era mi hija Catalina, quien hoy es una hermosa muchachita de dieciséis años. Ella  ha hecho del baile su pasión y este año ha logrado integrarse a la compañía de baile de su escuela preparatoria. Lo que más le admiro es su seguridad… esa que demostró a los dos años y medio y que ahora le permiten vivir feliz y sin complejos dentro de un cuerpo de adolescente.

Sigue así muñeca, sintiéndote a gusto en tu propia piel, ya que la tendrás toda la vida.

Sigue dándonos lecciones de esfuerzo, dedicación y perseverancia.

Sigue iluminando el mundo entero con tu hermosa sonrisa.

Igual que con tu hermano, tus orgullosos padres estaremos contigo mientras podamos para echarte porras y celebrar tus triunfos… después lo haremos desde el Otro Lado.

¡Te queremos mucho!

Gracias par de muñecos, esta juguetería (como decía Miss Laura, la directora del Kínder del Colegio Bilingüe Madison de Delicias) no sería lo mismo sin ustedes…

¡Son nuestro gran orgullo!