Acabo de darme cuenta que hace un mes que no publico y no ha sido porque no tenga de qué escribir, sino que he andado tan a gorro, que cuando me siento a descansar, lo hago frente al novio de mi hija (y ahora mío): Netflix, y no frente a mi compañera de tantos años: la compu.

Viendo tele

Para quienes no lo saben, hace varias semanas cerré mi cuenta personal de Facebook, pues la adicción creció al grado de llegar a afectar mi sueño: en varias ocasiones me levanté a medianoche a prender el celular o la compu para revisar la barrabasada que supuestamente había publicado, solo para darme cuenta que todo –afortunadamente- había sido una pesadilla… ¡fiu!.

Nunca me imaginé que trasladaría mi adicción a Netflix, aunque bueno, en mi defensa, déjenme aclarar que lo veo solo en ratos y nunca desde mi celular.

¿Y por qué ando tan cansada? Pues porque ahora estoy más aturrada de actividades que antes. El Cardiólogo, gashamente determinó que como había tronado mi prueba de esfuerzo, necesitaba  hacer HIIT (Entrenamiento de Alta Intensidad a Intervalos), así que ahora, además de Pilates (dos veces por semana) y Yoga (una vez), practico también eso dos días. Como el objetivo es aumentar mi condición física, mi torturadora –o que diga, mi entrenadora- Gladys, me da un carrillón de poca en la bici, además de pesas.

Gimnasio

Por otra parte, además de mis clases de italiano, comencé a tomar clases de piano, lo cual me ha fascinado, pero entre el estudio, el gimnasio, las escuelas, las actividades de mis hijos, el súper y la casa, mi hermoso cuerpecito empezó a quejarse de la carrilla. ¿Cómo? Quedándose dormido a media tarde. Por fortuna, mi Nutrióloga favorita (Alida López Parada, a quien por cierto felicito nuevamente porque acaba de tener a su bebé la semana pasada y –muéranse de envidia- ya volvió a su peso normal), vino al rescate sugiriendo que tomara más de los maravillosos suplementos que ella me vende (especialmente uno que se llama Ocean´s Energy y Aphanin –algas- que son lo máximo). Así lo hice y… voilà… ¡adiós cansancio!

Por poco se me olvida otra actividad que una que otra semana incluí y que en realidad es de lo que iba a tratar esta gunicharrita: las sesiones con la maravillosa mujer de quien escribí hace dos historias: Sharon Ferrell.

¿Recuerdan que en DESPERTANDO TU GRANDEZA les conté que por segunda ocasión había ido a una plática de ella y que había sentido que la vida me empujaba a consultarla? Pues bien, así lo hice, y aunque estoy todavía lejos de llegar al objetivo (estar 100% centrada, aún en el ojo de un huracán), poco a poco me va cayendo el veinte de lo que ella predica:

Hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios, en otras palabras, TENEMOS SU MISMO CÓDIGO GENÉTICO, sin embargo, seguimos dejando que nuestra niña o niño –de dos o tres años- tome el control de nuestra vida.

Niño con compu

Por si eso fuera poco, cuando ese niño o niña hace algo mal, le bajamos de inmediato la moral: ¡Ay pero cómo estoy idiota! Bueno, pero ¿en qué estaba pensando? ¡Siempre meto la pata! ….y lindeces por el estilo.

Después de la sesión en que Sharon me explicó esto, recordé un incidente que pasó hace dos años y que tuvo repercusiones fuertes. Entonces me puse a platicar con mi Gunita y le expliqué que habíamos hecho algo malo y que ahora simplemente estábamos pagando las consecuencias; que sabía que el pago era muy doloroso, pero que yo estaba con ella para consolarla.

Y así fui, muy oronda –diría burlonamente mi prima Pilita- a la siguiente sesión. Cuando le platiqué a Sharon lo que había platicado con mi niña, me dejó de a seis al decirme que no podía responsabilizar a una niña de tres años.

—No, le dije. La responsabilidad fue de las dos y así se lo hice saber a mi Gunita.

—Claro que no, respondió. ¿Cómo puede una niña de dos o tres años hacer algo malo? ¡Los niños de esa edad no son responsables de sus actos, ellos no saben!

— ¡Ah jijo! Entonces, ¿qué debo hacer? –pregunté desconcertada

—Tener compasión de ella y de todos los involucrados en la trifulca y decirle a tu niña que siempre la vas a amar y a proteger; que tú, la gigante, la que fue hecha a imagen y semejanza de Dios, eres la que debes tomar el control de sus vidas.

¡Plop!

Poco a poco me fue cayendo el veinte y supe que ella tenía razón, por lo que tuve una nueva plática con mi Gunita y me sentí realmente liberada.

Aunque no he podido permanecer centrada por más de tres horas (y en condiciones normales), las palabras de Sharon me han servido para evaluarme constantemente y saber quién está al volante de mi vida, la niña o la gigante. Pienso seguir yendo a las sesiones, ya les contaré el avance.

Doy gracias a la Divinidad por poner a personas maravillosas como Sharon en mi vida y por tener este pequeño foro para compartir con ustedes, mis queridos lectores, lo que voy aprendiendo.

¡Hasta la próxima!