Una disculpa a quien pudiera estar ofendido porque hace más de un mes que  no publico, jajaja. Como le decía ayer a mi amigo y excelente poeta, Arturo Granados, ando de desobediente civil…  No sé qué me ha pasado, pero en las últimas semanas (¿meses?) no he querido sentarme a escribir. A veces amanezco con una idea para el blog, pero la rutina -y Netflix!!!- hacen que quede en eso… en una idea. 

Como hace tiempo tomé un taller con Haydée Carrasco en el que –según yo- descubrí el propósito de mi vida, y resultó que éste era escribir, comencé a traumarme al darme cuenta que me había convertido en una escritora que no escribía. Sin embargo, mis ángeles adorados no me dejaron sola y empecé a notar que cada vez que veía la hora, salían números repetidos (2:22, 10:10, 11:11, 3:33, etc.). Alguna vez  ya me había pasado, y eso, en el lenguaje angelical, significa que vas por buen camino. 

Algo que también me ayudó fue mi diálogo interno. 

Comencé preguntándome:

“Si soy una escritora que no escribe… ¿entonces quién soy?” 

La respuesta llegó de inmediato y me dije que así como no es válido que mis roles de mamá, amiga, hija, hermana, etc. definan quién soy, tampoco tiene por qué hacerlo el de escritora. ¿Por qué? Porque YO SOY algo más que eso… 

YO, AL IGUAL QUE TODOS LOS DEMÁS, SOY UN HERMOSO ESPÍRITU DE LUZ que decidió venir a la Tierra a experimentarse como ser humano (y sobre eso ya había escrito hace tres años y medio en COMO LA LUZ DE UNA VELA, una de mis publicaciones favoritas -ver http://www.elblogdelaurajurado.com/como-la-luz-de-una-vela/).

Para entender mejor esto, pongamos el ejemplo de una obra de teatro. Los actores que en ella participan representan cada uno un papel diferente, pero ninguno ES lo que su papel les dice. Mientras están en la obra, son Caperucita, el lobo, un árbol, Julieta, doña Inés, don Quijote de la Mancha, etc. Una vez que salen de ella, vuelven a ser Lulú, Pepito, Roberto, Pedro Pérez, etc. 

Pues así mismo es la vida. Y no porque yo me haya comprado la idea de que soy escritora, voy a escribir a fuerza (claro que hay quien lo hace así por disciplina, pero yo nunca he sido disciplinada… –y como dijo don Teofilito: ¡ni lo seré!). Si hay algo que he aprendido últimamente es que hay que ser congruente con lo que se piensa, dice y siente.

Así que… hoy tengo ganas de escribir esto (y mientras lo hago, veo el reloj y son las 4:04… ¡adorados!). 

A quienes les den ganas de leerlo, muchas gracias, y a quienes no, también (¡viva la congruencia!).

Hasta la próxima… si es que hay, jajaja.