Como ya lo he dicho anteriormente, la naturaleza es una gran maestra.

Hace poco más de una semana, una de mis plantas de exterior comenzó a inclinarse hacia un lado. Pensé que se le había quebrado una rama, pero no era así. La planta había crecido demasiado y, al parecer, sus raíces no eran lo suficientemente fuertes para sostenerla. La saqué de la maceta y pude comprobar que éstas eran muy débiles. La volví a sembrar, esta vez un poco más abajo y la regué. Pasaron los días, y la plantita, en vez de mejorar, comenzó a marchitarse… me daba mucha lástima verla desfallecer sin que yo pudiera hacer algo por ayudarla, pero me tranquilizaba el pensar que tal vez su ciclo se había cumplido y era momento de que muriera.

A los pocos días cayó tremendo aguacero, que las hojas sin fuerza de mi plantita comenzaron tímidamente a despertar de su letargo.

El cambio era tan leve que no sabía si estaba alucinando o si aquello era real. Tres días después volvió a llover, y lo que parecía imposible se volvió realidad: ¡la planta estaba reviviendo!

Agradecida con la lluvia, llegué a dos conclusiones:

  • LAS COSAS MEJORAN CUANDO LA AYUDA VIENE DE ARRIBA. Por más que yo le echara agua a la plantita, esta no iba a recuperarse, ya que necesitaba algo más poderoso.

Igual pasa con los humanos, las cosas serían mejores para nosotros si permitiéramos que la luz divina (energía o prana) fluyera a través nuestro. ¿Y cómo se hace eso? Ayudándonos con la meditación.

Recordemos que somos seres de luz encarnados temporalmente en un cuerpo. Contamos con varios CHAKRAS o vórtices de energía, cuya función es ABSORBER EL PRANA. Esa energía pránica se utiliza para realizar todos nuestros procesos vitales.

¿Y de dónde viene ese prana o Luz Divina? Como su nombre lo indica, viene de la Divinidad, y entra a nuestro campo energético a través del séptimo chakra, que está ubicado en la coronilla, de donde va bajando a los otros chakras. Si no hay bloqueos, llega hasta el chakra raíz, que es el que nos da estabilidad en la vida.

Algunas personas tienen muy desarrollados los sentidos y pueden saber cuando existen bloqueos. Yo, a pesar de haber tomado el curso de sanación pránica (que consiste en aplicar un “barrido” del campo energético, ya que todo lo que pasa en el cuerpo físico, sucede primero ahí), no soy capaz de detectarlos. Por eso mismo, hace unas semanas decidí ir a consulta con Lynn, la mera mera en cuanto a ese tema aquí en El Paso, pues mi estómago estaba tremendamente inflamado. Cerré los ojos mientras ella trabajaba. De pronto mi cuerpo comenzó a balancearse, como si alguien me empujara hacia atrás. Pasaron varios minutos y el movimiento seguía. Entonces Lynn me dijo que yo estaba bloqueada, ya que estaba entrando mucha energía divina pero no tenía por dónde salir.

Eso me lleva a la segunda conclusión:

  • Por muy alto que crezcamos, POR MUY ARRIBA QUE LLEGUEMOS, SI NO TENEMOS LOS PIES  BIEN PUESTOS SOBRE LA TIERRA, CORREMOS EL RIESGO DE CAER DE UN MOMENTO A OTRO. Eso es lo que le pasó a mi planta: sus raíces eran tan chiquitas, y ella había crecido tan alto, que empezó a desplomarse. En mi caso, no es que hubiera crecido mucho, pero sí que me faltaba anclarme a la Tierra para que esa energía divina fluyera sin problemas a través de mí. 

Lynn me recomendó entonces que hiciera todos los días la “Meditación de Corazones Gemelos” para eliminar los bloqueos y afianzarme a la Tierra. El nombre le fue dado por su creador, el Maestro Choa Kok Sui, porque a través de ella se activan el chakra de la corona y el del corazón. La persona que la practica se convierte así en un canal de luz divina para bendecir a la Tierra y a todos sus habitantes.

Durante varios días me estuve levantando súper temprano y me alcanzaba el tiempo perfectamente para hacer esa meditación. Luego algo pasó y volví a las andadas, levantándome con el tiempo justo para todo, menos para meditar.

Espero vencer pronto esa desidia, pues vaya que necesito eliminar bloqueos y permitir que la luz fluya y me conecte con la Pachamama. 

Espero también que mi plantita se recupere por completo, pero si no, por lo menos me ha dejado una muy buena enseñanza, ¿cierto?