Hoy voy a hablar de dos temas que creo que jamás he tocado, pero que son primordiales en la vida de las mujeres (bueno, menos en la de Miss España… LOL).

El primero es de cuando viene Nacho el de la corbata roja, baja mi tía de la sierra, tengo el período, baja la regla, ando en mis días, tengo o me viene la menstruación, etc. En México se usó durante mucho tiempo el “ya me pasó”, gracias a un comercial de toallas sanitarias en el que una puberta estaba muy contenta porque ‘ya le había pasado eso que les pasa a todas las mujeres’.

En mi caso, eso fue una mañana en que me metí a bañar y salí con todo y “visita”. Yo algo sabía del asunto, pero no porque mi mamá me hubiera hablado de ello, ya que, si para mí ha sido tabú escribir del tema, para ella hablarlo con sus hijas era impensable. Tanto, que un día que estábamos todas leyendo, yo (entonces de menos de diez años) me topé con un anuncio de Kotex en una revista. Salía la foto de un ojo femenino con una lágrima, y decía algo así como “para esos días en que es una desgracia ser mujer” … ¡Qué horror! Le pregunté a mi madresanta para qué eran esas cosas y la muy coyona me dijo que le preguntara a mi hermana Thalía, ¡jajaja! Así lo hice, y su respuesta fue casi casi tan buena como la de mi mamá:

  • ¡Ay… ya sabes, no te hagas! – contestó un poco molesta porque pensó que me estaba haciendo güey, pero se los jurito que no sabía!

Pero bueno, volvamos a esa mañana (específicamente, el miércoles 28 de junio del 78, ahí disculpen la buena memoria).

Toda nerviosa, salí del baño envuelta en una toalla y le dije a mi mamá que “ya me había bajado la regla”. La pobre se puso más nerviosa que yo y solo atinó a sacar tremenda toalla sanitaria de su closet. Yo me sentía súper cansada y no aguantaba la espalda, así que me vestí y me acosté. Contrario a lo que recuerdo, me parece que no he de haber sido tan floja, ya que mi mamá les dijo a mis hermanas que no me sentía bien y que por lo tanto no iba a hacer nada ese día en la casa, que no me dieran carrilla.  

Bueno, pues al día siguiente que me levanté fui directo a la cocina. Ahí estaban mis hermanas y una amiga del Pollo. Esta, al verme entrar, dijo algo que me cayó en los merititos destos:

  • ¿Sabían que ya somos todas señoritas?

¡Grrrrrrrrr! ¿Sibiín qui yi simis tidis siñiritis?

Volteé a verla con ojos de pistola… ¿cómo se le ocurría ventanearme delante de su amiga? O sea, jelooooouuuu? En fin… así de ranchera era yo.

No fue fácil acostumbrarme a mi nueva vida, y mucho menos teniendo hermanos varones…  ¡Ah cómo me daba pena que me vieran por atrás durante esos días del mes… ¡y más con esas toallotas que parecía que andaba uno en el segundo piso del periférico, jajaja! Era tanta mi vergüenza, que cuando veíamos tele en la casa, me levantaba de la mecedora y caminaba de reversa-mami para no darle la espalda a mis hermanos, ¡jajajajaja!

También me daba pena comprarlas. Un día me llevó mi papá por ellas y le pedí que él las agarrara, jajajajaja. ¡Ahí iba el Gordo muy orondo con su paquetote de toallas en la mano y una flacucha puberta con cara de trágame tierra detrás de él!

Otra cosa que era sumamente embarazosa eran los accidentes… ¡ay qué horror! Como las toallas no contaban con la tecnología de ahora, era muy común que las mujeres nos mancháramos la ropa, por lo cual todo el día andábamos pidiendo a las amigas que despistadamente nos echaran un ojito.

Una vez que me pasó algo así, le llamé a Nora mi hermana para que fuera a recogerme al Tec. Mientras la esperaba, se acercó un chavo por el que yo moría y me ofreció un aventón… ¡Noooo! ¿Neta, Universo? ¿Dos años sufriendo por ese lepe y me lo mandas justo cuando no puedo? Jajaja, pues sí. El chavo insistió en que volviera a llamar para que ya no vinieran por mí, pero con todo el dolor de mi corazón le tuve que decir que no… ¡Ni modo que le explicara lo del accidente, nombre, qué oso! Sobra decir que jamás volvió a insistir y que ahí acabó toda esperanza de romance… ¡Éjele, que al cabos que ni quería, mi marido está más guapo, jajaja!

Y bueno, entre las cosas que la menstruación trae se encuentran tanto el potencial para ser madres, como para mentarlas, ya que -dicen- algunas mujeres se ponen como energúmenos durante esos días del mes. A mí eso nunca me afectó… Siempre fui la misma geniosa sin importar qué día fuera, jajaja. Tampoco me dieron cólicos, gracias a Dios. Bueno, unos chiquitos que se quitaban a los veinte minutos de ponerme crema de enebro o un cojincito caliente, pero nada comparado a lo que sufren otras mujeres que hasta las tienen que inyectar.

Y como todo lo que empieza tiene que terminar, este año se llegó la jubilación de la orgullosa productora de mis cuatro bebés humanos (mis dos muñecotes de carne y hueso y los otros dos que se quedaron en el camino), los tres bebés literarios (Mamá con Soda, Regalos del Cielo y elblogdelaurajurado.com), así como de tantos y tantos ciclos menstruales. Hablo, por supuesto, de mi querida matriz, a quien por circunstancias de la vida tuvieron que quitármela a principios de este año. Y con ello llegó la tan temida menopausia, o el “cambio de vida”, como también se le conoce.

¿Y qué es eso? Ah pues es la época en la vida de las mujeres en la que las hormonas comienzan a apagarse, provocando con ello irregularidades en la menstruación, cambios de humor y bochornos, entre otras lindeces.

En mi caso, lógicamente dejé de “tener la visita” y me puse un poco más irritable. Pero no solo eso, los bochornos que me habían coqueteado durante una semana el año pasado (justo antes de cumplir los 52) llegaron ahora sí con todo y maletas. Por supuesto que esto último me sacó mucho de onda, ya que los había toreado con unas pastillas maravillosas que me dio mi nutrióloga desde hace como tres años (y que ni los mismos fabricantes sabían que ayudaban con los bochornos), pero este año, a pesar de seguir tomándolas, varias veces al día (y como una o dos por la noche) le da la chiripiorca a mi termostato y me entra un calor que pa´qué les cuento.

Al principio me enojé. Luego agarré la onda y entendí que es parte de ser mujer, que si la etapa anterior me había dado tantas cosas buenas, debía abrazar esta, pues significaba solo dos cosas: que soy mujer y que estoy viva. Así que cuando siento que viene el calor, me imagino que estoy en el mar y me preparo para tomar la ola que se aproxima.

Esto es por el lado mental. En el práctico, lógicamente me quito la chamarra, suéter o bata que traiga puesta (y si es en la noche, también las calcetas) y espero pacientemente a que al señorito bochorno se le ocurra retirarse.

Una amiga me dio otro consejo: si estoy en un restaurante, pedir un vaso de agua con hielo y colocarlo entre mis muñecas, donde se pone el perfume. Lo hice estando con ella en un restaurante y luego en mi casa con un hielo… ¡y sirve!!!

Había pensado mandar a la tiznada mis pastillas (Hormone Power de Life Give que las pueden comprar por internet y cuestan 25 dlls), pero creo que me las voy a seguir tomando porque, ¿qué tal si me va piorrrr?

Bueno, me imagino que los que hayan llegado hasta aquí se preguntarán por qué no me someto a un tratamiento con hormonas, ¿verdad? Pues les cuento.

Estuve a punto de ponerme la inyección, balín, parche o no sé qué madres de las hormonas bioidénticas, que dicen los que saben, son lo máximo. Peeeeero, por fortuna tengo a mis ángeles de la guarda que me cuidan y me responden todas mis preguntas: el Dr. Luis Noble y el Dr. Juan Herrada, y los dos me dijeron que ni se me ocurriera hacerlo, ya que por mis anticuerpos antifosfolípidos y antinucleares (responsables de que mis dos primeros bebés no nacieran) podría generarse un coágulo y hasta aquí llegó la Gunita.

Pero bueno, no es novedad que no pueda hacer algo que sea común para mucha gente. Por ejemplo, gracias a mis varillas en la espalda, no me pudieron poner la epidural (o raquea) y tuve que aventarme a mis hijos como las meras machas, tal y como lo han hecho la mayoría de las mujeres desde el inicio de los tiempos (hasta que se inventó la anestesia), así que, si alguien puede hacerlo, yo también puedo. Y si nadie ha podido, ahí está mi motivación para ser la primera.

Por fortuna, solo tengo que lidiar con eso. Hay personas que aparte de la menopausia, están pasando por enfermedades terribles, como la actriz Edith González. En una reciente entrevista, ella habla hermosamente de lo que ahora tiene que enfrentar a consecuencia de un cáncer súper agresivo; cuenta que cuando despertó de una cirugía en la que le extirparon la matriz y los ovarios, le dijo al doctor que la cama estaba muy rara, que se calentaba y se enfriaba, jajaja, no se había dado cuenta de que se le había adelantado la menopausia.

En fin. Desde aquí abrazo a todas las mujeres del mundo, especialmente a aquellas que están pasando o que ya pasaron por lo mismo que yo, y a los hados del destino que hicieron que en esta encarnación me tocara ser mujer: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

Hasta la próxima.

Laura Jurado (Guny).

*Pensaba poner VIEJA MENOPÁUSICA en el título, pero decidí quitar lo de VIEJA, ya que aunque sea una expresión muy común (especialmente en los hombres necios que acusáis a la mujer sin razón), yo me siento una chicuela loca, y quise resaltar el hecho de que estar en la menopausia no nos hace viejas. Lo que nos envejece es nuestra actitud ante la vida.